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FUI VÍCTIMA DE LA BULIMIA
Publicado el 23/8/2008

FUI VÍCTIMA DE LA BULIMIA

Me llamo Marta Santos*, tengo 27 años, soy madre de tres niños y mi imagen en el espejo refleja a una mujer gorda y triste. Los trastornos alimenticios se llevaron mi alegría y mi dentadura.

Cuando era niña solía comer más pan del que me correspondía, entonces mi papá se enojaba y decía: “Eres una glotona, por eso estás gorda y fea, ¡deberías ser como tus hermanas!, ellas así delgadas se ven tan bonitas”. Esos reproches surgían siempre en la mesa. Era una adolescente normal, pero tenía dañada la autoestima.

Los programas de televisión, con mujeres de cuerpos esculturales, hacían que yo quisiera ser igual a ellas, pero como no tenía tiempo para hacer ejercicios o visitar a una nutricionista para bajar de peso, decidí adoptar los hábitos de la bulimia. Entonces tenía 17 años.

Al terminar de comer iba directo al refrigerador y, sin que nadie lo notara, engullía descontroladamente todo lo que encontraba y luego buscaba algún lugar donde vomitar. A los 20 años pesaba 115 libras y medía 1.60 centímetros, pero a mis ojos seguía siendo obesa.

Me casé y en los primeros dos embarazos las náuseas me servían de excusa para vomitar más de la cuenta. Durante el posparto ya tenía anemia, pero nadie lo notó. El tercer embarazo fue de alto riesgo debido a mi mala nutrición y tres meses después de dar a la luz, cualquier cosa me provocaba un intenso malestar.

Estando en casa con los niños, constantemente escuchaba esa voz que me decía “estás gorda, te ves horrible”. Mi reacción era llenarme de comida y correr a vomitarla. Una tarde me cepillé los dientes y sentí unos gránulos en la lengua, eran fragmentos de muelas.

Me enjuagué pensando que eran algunos rellenos viejos, pero cada día se caían partículas de mis dientes. Hoy no tengo ni uno solo. Mi menstruación se volvió irregular y casi cada semana tengo gripe o hemorragia nasal, molestias por la úlcera y la irritación del colon.

Hasta la fecha, esta situación sólo la conoce mi esposo, pues temo que mis padres me rechacen. No he buscado ayuda, pues ignoro adónde ir, pero cuando vienen a mi mente esos pensamientos trato de distraerme o concentrarme en el trabajo. Mi deseo es alertar a quienes han tenido la mala idea de caer en esta terrible situación, porque mi ejemplo quizás les ayude a salvar su vida y proteger a su familia.

* Nombre ficticio.

BULIMIA AL ACECHO

Esta enfermedad se caracteriza por la recurrente ingesta de alimentos en exceso, acompañada de una sensación de pérdida de control que genera autorrechazo y lleva a adoptar comportamientos compensatorios como vómitos provocados, ejercicio excesivo o consumo de laxantes, diuréticos y enemas, con el fin de evitar un aumento en el peso corporal.

Este peligroso desorden alimenticio desata con el tiempo una serie de complicaciones médicas graves. Por ejemplo, el ácido estomacal causa daños permanentes en el esófago, existe el riesgo de contraer pancreatitis, caries dentales, deshidratación, estreñimiento, hemorroides y osteoporosis, entre otras de sus consecuencias.

Las mujeres afectadas están conscientes de que su patrón de alimentación es anormal y experimentan miedo o culpa. Se desconoce la causa exacta de la bulimia, pero estos factores contribuyen con su desarrollo: problemas familiares, comportamiento perfeccionista y énfasis excesivo en la apariencia física. También puede estar asociada con la depresión y ocurre con más frecuencia en mujeres adolescentes, explica Héctor Alfredo Molina, psicoterapeuta y experto en trastornos alimenticios.

El tratamiento incluye ayuda médica, psicológica y nutricional, con técnicas de modificación de la conducta, así como terapia individual, de grupo o familiar, y participación en grupos de autoayuda.

Fuentes: Héctor Alfredo Molina, psicoterapeuta, especialista en trastornos nutricionales.

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